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Posted by on sep 27, 2015 in La fiera de mi Gila | 0 comments

Con tu perro por el monte

Con tu perro por el monte

Como últimamente no vivimos locas aventuras (o al menos no con la frecuencia de antaño) he decidido resucitar el blog publicando las rutas que nos hacemos Gila y yo por el monte cada martes. ¿Por qué cada martes? Muy sencillo, porque los martes viene Ada a limpiar a casa y, de momento, Gila no es compatible con que una desconocida limpie su “territorio”, aspirador y químicos mediante.

Así que Gila y yo nos vamos al monte y vamos descubriendo las sierras de Madrid a golpe de mochila y excursión.

En esta primera entrada, voy a darle un pequeño repaso a las cosas básicas que uno debe llevarse al monte cuando va con su perro y una serie de normas básicas que conviene observar.

Calzado adecuado para el humano y almohadillas en buen estado para vuestro peludo.

Parece evidente pero no lo es. si te vas a hacer 18 Kilómetros, tus pies van entrar en contacto con el suelo muchas veces (muchísimas, en realidad) así que más te vale ir con un calzado cómodo, impermeable y al que te hayas acostumbrado previamente. (No, hacerte 18 kilómetros con esas botas súper cuquis recién compradas NO es una buena idea)

A tu perro no se te ocurra ponerle botas, botines ni patucos (ellos usan los dedos y las garras para caminar aunque tú no te des cuenta) pero revísale bien sus almohadillas. Si tiene erosiones, heridas o molestias, cancela el plan e iros a una pradera a retozar mientras coméis tortilla de patatas.

Lleva agua suficiente para ti y para él. Aquí el cálculo varía en función del perro y el humano pero, para que os hagáis una idea, yo a Gila, en pleno verano, le puedo llevar del orden de 0,5 l por hora de marcha prevista aunque ahí estoy contando también con agua para refrescarla si veo que se agobia por el calor. Para mi, el cálculo es llevar un mínimo de 2 o 3 litros de líquido para marchas que no excedan las 5 horas.

Lo normal, con estas cantidades es que te sobre mucha agua a la vuelta pero –¿Adivina qué?– es mucho más agradable cargar con 2 Kg de agua de más que llegar muerto de sed al coche. Y no digamos ya si te toca elegir quien bebe, si tu perro o tú. Así que, ya sabes, en caso de duda lleva mucha agua, sobre todo en los meses de calor.

Lleva comida para los dos. Aquí ya depende de lo liberal que seas con tu perro. “Comida para los dos” puede querer decir “una barrita energética para mi y un bocadillo de jamón para mi perro”, “un bocadillo de jamón para cada uno” o “un bocadillo de tortilla para mi y un saco de pienso para él o ella”. Las tres son igualmente válidas pero, como en el punto anterior, recuerda que pueden surgir imprevistos y, si llevas comida de sobra, aumentarás tus posibilidades de sobrevivir/resistir en el monte.

Lleva un mapa, una guía o asegúrate de conocer la zona. Si eres como yo, lleva las tres cosas y además un móvil con Wikiloc y mucha batería. Perderse en el monte no tiene ni puta gracia y, según el sentido de la orientación que tengas, es bastante más fácil de lo que parece. Sí, es verdad que en la sierra de Madrid lo peor que te puede pasar es que llegues a 9 kilómetros de donde tienes el coche pero, si eso llega a sucederte, entenderás por qué insistía tanto en que llevases agua y comida de sobra en los dos puntos anteriores.

Bolsas para recoger desperdicios, sean éstos biodegradables o no. Personalmente, yo siempre llevo una bolsa de plástico para recoger todos mis desperdicios. Y cuando digo “todos” me refiero a “todos”; los orgánicos y los inorgánicos. Para los residuos de Gila llevo una palita o un cuchillito con el que escavar para dejarlos enterrados amorosamente bajo tierra. La idea es no llenar el monte de mierda de perro y, aunque en primavera, otoño e invierno el suelo suele estar blandito y se puede escavar con las manos, en verano se agradece llevar algo más duro para esconder las boñigas de la “orejas”.

Gila por la Fuenfría

Precauciones básicas:

Lo que voy a enumerar a continuación, parece de sentido común pero en estos meses por el monte he visto de todo así que igual no está de más recordarlo.

Mantén a tu peludo bajo control en todo momento. No se trata de que le lleves atado, ni le apliques disciplina de institutriz británica pero en el monte hay otra gente, vehículos y otros animales y tu paseo debería ser tan relajante para ellos como para ti. A todos nos puede sorprender un cervatillo y el perro puede pegarse una carrera pero la cosa no debería pasar de ahí y tu amigo peludo debería estar enseñado a volver pasados los primeros metros de “euforia inicial”.

Si te cruzas con otros excursionistas, sé prudente y observa bien sus reacciones. Si no tienes claro si tienen miedo o no a tu perro, contrólale, llámale o haz gestos ostensibles que les hagan entender que no hay ningún peligro. (Salirse del camino es una opción estupenda). La gente tiene derecho a tener miedo a los perros (sí, incluso a tu labrador que es buenísimo y no hace nada. A ése también) y lo mejor que podemos hacer para que ese miedo se reduzca, es dejar espacio a los desconocidos.

Naturalmente, si el otro grupo trae perro y hace gestos ostensibles a tu perro de que se acerque, no hace falta todo lo anterior. Pero aprende a evaluar a la gente a cierta distancia y evitarás estresarles a ellos y estresarte tú.

Si te cruzas con ciclistas, sé extremadamente prudente y échate a un lado siempre. Es por tu bien, por el suyo y por el de tu perro. Lo normal es que los ciclistas que hacen MTB circulen a velocidades razonables para el tipo de camino o vía pero, incluso a esa velocidad, un accidente con un perro tiene mal pronóstico para el ciclista y peor aún para el perro. Yo, siempre que veo una bici, me agacho a un lado del camino, llamo a Gila y le pongo un brazo por encima de forma muy visible. ¿Para qué? Para que el ciclista sepa que mi comportamiento y el del perro van a ser totalmente previsibles: vamos a estar quietos hasta que pasen de largo. Y eso exactamente es lo que hacemos. No nos movemos y saludamos al ciclista. ¿Para qué? Para que Gila entienda que no es ninguna amenaza sino todo lo contrario.

Yo sé que hay algún ciclista vándalo que circula por senderos de montaña como si estuviese disputando el campeonato del mundo de MTB. Pero también sé que hay dueños de perros que no controlan a su perro así venga un pelotón de veinte tíos en bici a paso de peatón. El único camino posible para todos es que aprendamos a convivir y respetarnos pasa por convertir a nuestro perro en un ser predecible (desde una bici, da mucho miedo ver a un perro a un lado del camino y no saber si el animal va a decidir cruzarse en el último segundo) y por convertir a las bicis en objetos que circulan a una velocidad que permite reaccionar a peatones, perros y otros usuarios del monte.

En general, os avisaré siempre que crea que una ruta presenta “alta densidad de ciclistas” y así podréis decidir si queréis hacerla o preferís un plan más tranquilo.

En resumen, para ir al monte con vuestro perro no debéis olvidaros nunca en casa el sentido común. Compartid el espacio con el resto de usuarios y, desde luego, disfrutad como enanos.

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