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Posted by on oct 7, 2015 in La fiera de mi Gila | 0 comments

Con tu perro por los miradores de la Fuenfría

Con tu perro por los miradores de la Fuenfría

Dificultad: Media-baja.

Duración: Entre 3h30 y 5h en función del recorrido de vuelta.

Sombra: abundante.

Agua: Fuente en el Aurrulaque, en la Fuenfría y algún arroyo apto para cánidos a lo largo del GR10.

La ruta de hoy empieza desde el aparcamiento C de Las Dehesas, en Cercedilla. Esto quiere decir una cosa y es que, si planeais hacer la ruta en fin de semana, os tocará madrugar más de lo deseable porque estos aparcamientos parecen el Plaza Norte 2 a poco que haga bueno, haya nieve o sea fiesta en Madrid capital.

Desde el aparcamiento C, es necesario volver por la carretera por la que hemos accedido (en realidad, por uno de sus márgenes, perfectamente protegidos por barreras de madera) unos cincuenta metros hasta dejar atrás un pequeño chiringuito/restaurante y ver a nuestra izquierda el río. En este punto, conviene acercarse al camino que avanza paralelo a éste (pero que se mantiene a un nível algo superior) para seguir descendiendo unos doscientos metros, dejando a un lado el retén de lucha contra indencios y llegando, en un momento dado, a lo que sería antiguamente el inicio de la ruta.

En este punto, empezaremos a ver puntos amarillos en los árboles y conviene que nos obcequemos en seguirlos porque son lo que nos servirán de guía durante la primera mitad de la ruta.

Por aquí debemos bajar hacia el río, cruzarlo y empezar a subir.

Por aquí debemos bajar hacia el río, cruzarlo y empezar a subir.

El camino comienza descendiendo hacia el río casi en línea recta, para cruzarlo y girar hacia la derecha. Por esa ladera (opuesta a la que sirve de soporte a la carretera de Las Dehesas y al abrigo de abundantes árboles), el camino va subiendo a ratos, bajando a otros y mostrando una horizontalidad bastante “pasota” a otros. Nuestro trabajo es seguirlo e ir esquivando, en función de los gustos de nuestro peludo, a caballos y vacas que suelen pastar por el lugar y que muestran el mismo interés por el excursionista que yo por la biografía de Coto Matamoros o por las desventuras de la tiroides de Vladimir Putin.

Pero atención porque, en este alegre trotar por el sendero, nos encontramos con uno de los puntos en los que resulta más fácil perderse. Y es que, de repente, nos encontraremos sumidos en un mar de puntos azules en el que parece razonable preguntarse: “¿No íbamos siguiendo los puntos amarillos?”. Efectivamente y si, como Gila y yo, te encuentras entre un montón de puntos azules es que tu subconsciente te ha hecho seguir bajando por el camino y te has pasado una sútil desviación que te envía –¿No lo adivinas?– ladera arriba.

Aquí una de las marcas que os servirá de guía. Recordad: amarillo vais bien, azul os habéis perdido.

Aquí una de las marcas que os servirá de guía. Recordad: amarillo vais bien, azul os habéis perdido.

Basta desandar unos cincuenta metros para deshacer el error y, ahora sí, la senda nos manda ladera arriba, alternando los tramos boscosos con otros donde los helechos abren pequeños claros que nos permiten mirar hacia Cercedilla y la sierra.

Pues bien, no habremos subido ni media hora por este sendero cuando llegamos al otro punto donde es fácil perderse. Se trata de un claro donde el camino parece optar por la horizontal pero donde –de nuevo– los puntos amarillos se desvanecen. No os dejéis guíar por vuestro ánimo perezoso y no bajéis por ese camino. Buscad una piedra en el suelo con una enorme flecha amarilla que apunta hacia vuestra izquierda y buscad el sendero –sí, el de puntos amarillos, aquí es donde los fans de “El mago de Oz” o de Ikea pueden sonreír felices– y tirad ladera arriba porque aquí es donde viene la subida responsable de que esta ruta no sea “fácil” sino “media-fácil”. Porque son 45 minutos de subida bastante durilla (aunque a ritmo lento la puede hacer casi cualquier persona que no presente lesiones ni taras muy severas) que nos llevan hasta los miradores que dan nombre a la ruta en cuestión.

Primero nos encontraremos con el Mirador de Luis Rosales, poeta que aparentemente vivió en Cercedilla y que si, según cuentan, subía a menudo aquí, debía tener unos glúteos capaces de cascar nueces a ritmo de pájaro carpintero. La vista es realmente preciosa y abarca buena parte de la Sierra de Guadarrama. Nuestros cánidos también disfrutarán de la vista y, sobre todo, del hecho de que la ruta a partir de aquí es mucho más horizontal lo que les permite perseguir ardillas sin que su frecuencia cardiaca supere las 200 pulsaciones por minuto.

Aquí las vistas desde el mirador de Luis Rosales. Todo un valiente si subía aquí a menudo.

Aquí las vistas desde el mirador de Luis Rosales. Todo un valiente si subía aquí a menudo.

Un centenar de metros nos encontramos con el mirador de Vicente Aleixandre y las mismas dudas vuelven a asaltarnos: “¿Tenía las nalgas de titanio el poeta del 27? ¿Subía por el abrupto sendero que hemos usado nosotros o le subían en parihuelas por la Carretera de la República?”.

Y es que, efectivamente, la Carretera de la república pasa unos metros por detrás del mirador y es la que debemos tomar hacia la derecha para entrar al Parque Natural de la Sierra de Guadarrama y enlazar con el GR10. Ojo, porque, a partir de ese punto, dejaremos los puntos amarillos a nuestra izquierda y seguiremos las marcas rojas y blancas que adornan el GR en su recorrido por nuestra comunidad autónoma.

Aquí Gila, ya en el GR10, preguntándose quién subiría el pedrusco ese hasta aquí. Los que tengáis vista de halcón distinguiréis las marcas rojas y blancas en un tronco al fondo, el resto no.

Aquí Gila, ya en el GR10, preguntándose quién subiría el pedrusco ese hasta aquí.

En este punto, la carretera asciende suavemente y podemos empezar a encontrarnos ciclistas pero la visibilidad en ambos sentidos es excelente así que no supone ningún problema.

Tras una hora de marcha por la carretera, llegamos a la Fuente del Aurulaque (inconfundible porque tiene hasta escaleras de piedra para acceder a ella) y aquí se nos presenta el primer dilema de la jornada. Los que quieran hacer una jornda “cortita” (de unas 3h30) pueden tomar en este punto el Camino Schmidt hacia la izquierda (en sentido descendente) y saltarse los siguientes tres párrafos para llegar a Cercedilla lo antes posible.

Los que, como la loca de Gila y un servidor, opinan que menos de cuatro horas en la montaña no es suficiente para ensanchar pulmones, dilatar alveolos y, eventualmente, abrir melones con nuestros gemelos, tenemos la opción de continuar por la pista, ascendiendo hasta la Fuenfría para comer allí o incluso hasta un segundo puerto ubicado a unos veinte minutos de la Fuenfría y cuyo nombre averiguaré un día de estos.

Gila después de dar cuenta de su bocata de sardinas. (Y poco antes de que yo la recogiese y la guardase en mi bolsa de la basura, claro)

Gila después de dar cuenta de su bocata de sardinas. (Y poco antes de que yo la recogiese y la guardase en mi bolsa de la basura, claro)

Allí fue donde comimos Gila y yo en esta ocasión, dando buena cuenta de dos bocadillos de sardinas (uno cada uno) y algún resto de Jamón Serrano, iniciando después el recorrido de vuelta por el mismo camino por el que habíamos venido.

Se vuelve hasta la fuente del Aurrulaque, tomando el Camino Schmidt en sentido descendente (ahora hacia nuestra derecha) e iniciando aquí el descenso hacia Cercedilla.

Aquí Gila indicando claramente por dónde tomar el Camino Schmidt. Ojo, la foto está tomada en sentido descendente. Si no habéis hecho la prolongación a la Fuenfría, os quedará a la izquierda y vendréis desde el fondo de la foto.

Aquí Gila indicando claramente por dónde tomar el Camino Schmidt. Ojo, la foto está tomada en sentido descendente. Si no habéis hecho la prolongación a la Fuenfría, os quedará a la izquierda y vendréis desde el fondo de la foto.

La bajada por el Camino Schmidt tiene cosas buenas y cosas malas. Las malas que tiene mucha piedra suelta, es bastante empinada y es bueno andar con ojo para no hacerse un esguince y movilizar unidades de rescate innecesariamente. Las buenas, que todo lo anterior no es problema para nuestros “peludos” que para algo tienen cuatro patas, que la sensación de estar “inmerso” en la montaña es infinita y que hasta las ardillas se preguntarán qué cojones hacen un humano y su perro por esas sendas de Dios un martes por la tarde.

En un momento dado, el camino Schmidt desemboca en la carretera de la república que tomaremos hacia la derecha para, pasados unos minutos, volver a abandonarla para hacer el tramo final del descenso hacia Las Dehesas por la calzada romana. Si el Camino Schmidt era propicio para los esguinces, la Calzada Romana la diseñaron entre un traumatólogo sádico, un fisioterapeuta en paro y un escayolista con materia prima sobrante así que mucha atención y más si, como nos sucedió a nosotros, empieza a llover en ese momento.

Paraíso de masoquistas, traumatólogos y fisioterapeutas: la calzada romana. ¡Y si llueve, aún es mejor!

Paraíso de masoquistas, traumatólogos y fisioterapeutas: la calzada romana. ¡Y si llueve, aún es mejor!

Los romanos serían muy listos pero no quiero imaginarme cómo se ponía el tráfico en Roma cuando caían cuatro gotas y se tenían que mover en cuadríga sobre rocas pulidas de granito.

De forma natural, la calzada desemboca en la Carretera de las Dehesas y, a poco que nos descuidemos, nos daremos de morros con nuestro coche en el aparcamiento C. ¡Y podremos presumir de habernos dado un paseo histórico entre poetas de la Generación del 27, calzadas romanas y montañeros de recio apellido alemán! ¿Se le puede pedir más a cuatro horas por la montaña?

 

Recordad, niños: si a los diez minutos de echar a andar, se nubla, es muy probable que termine lloviendo y, si llueve, os mojaréis y terminaréis con estas pintas :)

Recordad, niños: si a los diez minutos de echar a andar, se nubla, es muy probable que termine lloviendo y, si llueve, os mojaréis.

 

 

 

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