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Posted by on sep 30, 2015 in La fiera de mi Gila | 0 comments

Con tu perro por la Garganta del arroyo Minguete

Con tu perro por la Garganta del arroyo Minguete

3h45 min.  

Dificultad: Fácil.  

Agua: arroyos y caño en la Fuenfría.  

Vegetación y sombras: abundante.

La excursión con la que vamos a empezar nuestro “paseo” por las sierras de Madrid es bastante “ligerita” y facilona salvo por un tramo de subida un poco duro que, encarado con calma, no debería presentar ninguna dificultad ni al mejor aficionado al “sillonball” del mundo.

La ruta presenta la ventaja de ir por la orilla de arroyos y casi todo el rato entre pinares frondosos por lo que puede afrontarse en verano o en los días más calurosos del otoño o la primavera sin dificultad alguna para nosotros ni para nuestros colegas peludos.

La excursión parte de la “Venta de los Mosquitos”, una construcción situada justo después de las siete revueltas según se desciende desde Navacerrada hacia Segovia por la CL601. No tiene pérdida posible porque es una construcción de piedra, actualmente acotada por candados y con un depósito de sal para el mantenimiento invernal de carreteras, que queda a la derecha según bajas por la carretera. A la izquierda nace una pista asfaltada en cuya embocadura pueden aparcar cuatro coches (o cinco si son muy civilizados) por lo que, en caso de estar ya “completo” este aparcamiento nos tocará bajar otro centenar de metros hasta un parking mayor que hay.

Aquí el nacimiento de la pista y, entre los árboles, la Venta de los Mosquitos

Aquí el nacimiento de la pista y, entre los árboles, la Venta de los Mosquitos

Si hemos conseguido aparcar, sólo tenemos que seguir la pista de asfalto entre altos pinos durante una media hora/cuarenta minutos. Si hemos aparcado en el parking, hay un sendero que nos evitará recorrer el tramo de carretera tanto a la ida como a la vuelta.

En este tramo asfaltado, conviene ir atentos a las bicis, especialmente a las que vienen de frente en sentido descendente ya que pueden venir a cierta velocidad. En mi experiencia (un martes de septiembre por la mañana) los encuentros con ciclistas fueron escasos y todos circulaban a una velocidad muy razonable pero puedo imaginarme lo que será esa pista un sábado a las 12 del mediodía.

Aquí Gila siguiendo las marcas del GR10

Aquí Gila siguiendo las marcas del GR10

Pasados esos cuarenta minutos, se separa una pista de tierra a nuestra izquierda por la que seguiremos, siguiendo las indicaciones del GR10.1 (marcas blancas y rojas en el tronco). No tiene pérdida pero, por si la tuviese, aquí tenéis una foto del momento de la bifurcación.

Aquí hay que seguir por la pista de la izquierda.

Aquí hay que seguir por la pista de la izquierda.

Esa pista de tierra nos llevará a cruzar el arroyo Minguete otra vez (deberíamos llevar como una hora caminando desde el coche) desde donde empieza la parte más dura de la excursión. Y es que aquí empieza una subida de casi una hora por un camino de piedras sueltas bastante empinado que conviene tomarse con calma. A Gila y a mi la subida nos exigió parar a la mitad a sacudirnos un bocadillo de sardinas sopena de caer exhaustos a media aventura.

La foto no hace justicia a la cuestecita de marras.

La foto no hace justicia a la cuestecita de marras.

Bocadillo de sardinas en la tripa y ya mucho más tranquilos, llegamos a la nueva fuente de la Fuenfría donde, atención, es frecuente encontrarse ganado suelto pastando. El ganado es inofensivo pero no todos los perros lo tienen tan claro. Gila está aún en el proceso de asumir que se puede pesar 300Kg, tener unos cuernos como calabacines de grandes y no ser un depredador animoso pero poco a poco lo va entendiendo y, en esta ocasión, se cruzó con tres vacas sin mayor manifestación de miedo que pegarse a mi cual lapa de río y mirar fijamente al suelo mientras repetía “son alucinaciones, son alucinaciones”.

Gila en la Fuenfría pensando: "¿Hervíboros? Es imposible".

Gila en la Fuenfría pensando: “¿Hervíboros? Es imposible”.

La buena noticia es que aquí se acaba la subida cafre y llegamos al Puerto de la Fuenfría. Aquí, es posible alargar la marcha subiendo hasta Navacerrada por el Camino Schmidt (y luego volviendo) pero nosotros en esta primera incursión optamos por la versión “corta” y tomamos el camino descendente que sale a nuestra derecha (conocido como la Carretera de la república) para buscar la Calzada Romana que nace unos metros más abajo.

Aprovecho para hacer un inciso: a muchos montañeros de pro les encanta lamentar que la Carretera de la República -un proyecto para unir Madrid y Segovia de forma más natural- quedase inconclusa por la Guerra Civil. A mi, me parece que esta debió ser la única buena consecuencia de la dichosa Guerra Civil pues sospecho lo que habría pasado con la Sierra de Guadarrama si a la N601 se le hubiese sumado otra carretera más, atravesando además parajes como el Puerto de la Fuenfría. Imagino yo a la legión de Poceros que nos gobiernan inundando estos pinares de chiringuitos, bares y chalets adosados de estilo alpino y me recorre un escalofrío la médula espinal.

Gila preguntándose la cara que tendría el romano que subió esas piedras hasta ahí.

Gila preguntándose la cara que tendría el romano que pensó en poner eso ahí.

Desde aquí, el descenso no tiene mucha pérdida, aunque tenemos dos opciones. La mejor -yendo con peludos- tirar a la izquierda cuando se nos abre la antigua calzada romana porque el tráfico de ciclistas ahí se reduce prácticamente a cero y se da un rodeo algo menor. La otra, bajar directamente por la carretera de la república sabiendo que la distancia es mayor y que tendremos que ir esquivando ciclistas en sentido ascendente y descendente.

Llegará un momento en que lleguemos a un edificio ruinoso. Es conocido como el Convento de Casarás aunque, según mi guía y según los entendidos, fue un puesto de caza de Felipe II así que ignoro de dónde le viene el carácter conventual a la ruina. Lo cierto es que las ruinas ofrecen resguardo del viento y son un lugar estupendo para comer, sestear e incluso retozar (aquí me refiero a los peludos, no seáis malpensados) para recuperar fuerzas.

Ojo, al terminar el descanso, hay que volver a la calzada o, en caso contrario, haréis como Gila y yo y recorreréis un par de kilómetros de Carretera de la república extra. A nosotros no nos importó pero, si preferís ahorrároslo, no hagáis como nosotros y recordad volver a la calzada.

En todo caso, la carretera de la republica, la calzada romana y la pista por la que antes ascendíamos confluyen en un mismo punto. En ese punto, es importante tomar la pista descendente que deja a la izquierda la calzada y la continuación de la carretera de la república y sólo le queda a la derecha el tramo ascendente de la carretera de la república.

Descendiendo por esa pista, rodeados de una vegetación abundante, llegaremos al tramo ya recorrido a la subida en menos de 30 minutos y estaremos en otra media hora en el punto donde (si tuvimos suerte) aparcamos los coches.

Yo descubrí la excursión en el fantástico libro “La Sierra de Guadarrma. 45 itinerarios” de Juan Pablo Avisón que podéis comprar en La Tienda Verde tanto online como de forma presencial.

 

 

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