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Posted by on dic 16, 2013 in Cosas de perros, Educación Humana | 0 comments

Carta a Papá Nöel.

 

Q

uerido Papá Nöel: Este año he sido muy bueno:

Cuando llegué a casa metido en esa caja conseguí no cagarme encima. Los dueños de la tienda donde me tenían expuesto ya me lo decían cada noche, y al final, por miedo a quedarme entre esos cuatro cristales, aprendí a no hacerlo.

 La verdad, la cara de eso niños mereció la pena. Estaban tan ilusionados con su regalo de Navidad, que yo también me emocioné.

¡¡Un nuevo peluchito que se mueve!! -Decían-.Los perro no son un juguete

Me daban premios todo el rato. Achuchones, mimos, todo eran risas, alborotos y carreras de acá para allá. Yo estaba muy feliz, al menos tenía una familia y entendí que había venido a la “tienda” (a la tierra) para hacer feliz a unos pequeños. Pero no era oro, ni incienso, ni mirra todo lo que relucía. Conforme fueron pasando los días, ocurrió como con el resto de regalos, se ensuciaban, le faltaban piezas… ya no eran una novedad. Y yo, también dejé de serlo.

Los paseos en familia, se convirtieron en los paseos que me daba Papá  alrededor de la manzana y refunfuñando. La promesa de los niños de hacerse cargo de mí, se desvaneció como la nieve en el alfeizar de la ventana con los primeros rayos de sol.  

Normal, son niños, no son quienes han de hacerse cargo de la responsabilidad  una vida –Pensé- .

Aún así, preferí estar en casa estorbando, a estar rodeado de papel de periódico, pises y  dedos que tocan los cristales para llamar nuestra atención.

Pasó la Navidad, pasó el invierno y llegó la primavera. Y el pequeño de cuatro patas, traía polen en el pelaje a casa, poniendo enferma de alergia a la pequeña. Solución: el perro al jardín y no se hable más. Lo único, que parece que se asumió que ya no necesitaba más paseos. Yo lo que entendí, es que podía hacer mis necesidades allí. Pero aquello tampoco les hizo mucha gracia.

El tiempo iba pasando. Y se sorprendían de que ese peluchito que llegó con a penas 3 meses, crecía y sus necesidades iban cambiando. Qué queréis que os diga: ¡me aburría en ese jardín!  Y luego venían las broncas… Que si te has comido mis geranios… que si has cagado aquí… 

¡Chicos, es muy fácil sa-cad-me-de-pa-se-o!

Pero no, todo era culpa mía. Papa Noël, de verdad que yo intentaba comprender y portarme bien, pero no sabía cómo.

El verano tocó a la puerta y con él, agosto y las vacaciones. Esa mañana se levantaron todos muy tempranito y las maletas iban de aquí para allá. Todos andaban un poco nerviosos. Sacaron el coche, a mi me dio un poco de miedo, porque siempre que monto en ese aparato, me llevan al veterinario y no me hace mucha gracia. Pero no, pasamos de largo. ¡Me llevaban al campo! ¡Qué rico olía! Todo era perfecto hasta que empecé a oír cosas como:

-Es que ya se ha hecho mayor y es demasiado grande.

-Es mejor para él estar al aire libre. Le encantará…

Se montaron de nuevo en el coche y me dejaron allí. Yo no sabía muy bien qué quería decir todo aquello. ¿Había hecho algo mal? No entendía qué demonios pasaba. Después de todo, ellos eran mi manada y yo quería estar con ellos. Aunque  parece que ellos, realmente,  no querían estar conmigo.

De verdad Papá Nöel que yo quería portarme bien, pero parece que no conseguí hacerlo como ellos querían.  He intentado ser bueno y entender a estos humanos. No sabía que más hacer.

Después de todo, tuve mucha suerte. Ya casi ni me acuerdo. Creo que caminé casi un mes, hasta que las chicas de una protectora me recogieron. Me dieron de comer y me mimaron. Era todo lo que yo necesitaba. Después, me llevaron a un sitio con más perros. Eso no me hizo mucha ilusión porque teníamos poco espacio y había muchos perros, pero las chicas intentaban mimarnos a todos.

Aún sigo aquí, no estoy mal, pero somos muchos y hace frío. Esto no es como estar en una casa. Muchas veces no nos pueden pasear a todos tanto como quisiéramos ni como quisieran. Y la comida… No hay tanta como nos gustaría. Vale, Papá Noël, que nosotros queremos comida infinita y eso no existe, pero tú me entiendes…

Bueno, todo esto te lo cuento para pedirte mi deseo de Navidad de este año. Sé que tú eres el que reparte todos los regalos en el mundo. Bueno, tú y Melchor Gaspar y Baltasar (también les he escrito) pero como tú los das antes, te lo pido a ti el primero.

Papá Nöel: lo que deseo es que no lleves perritos como regalo a las casas.

Los perros no se regalanAquí hay cientos de perritos en mi misma situación.  No somos peluches para regalar. Tenemos corazoncito, somos una responsabilidad. Tener perro ha de ser una decisión meditada. Un niño no es suficientemente responsable como para asumir el cuidado de un perro. Necesitamos paseos diarios, llueva, nieve, haga frío o calor, tenemos que quemar energía. Si nos ponemos malitos hay que llevarnos al veterinario. Además, crecemos, no siempre vamos a ser esos cachorritos que llegaron en una caja.

 

Los perros no se regalan, ni deberían comprarse. Somos muchos los que estamos en protectoras esperando a que una familia responsable nos acoja.

 

Yo sólo pido eso Papá Nöel. No quiero que más perritos lleguen aquí por haber sido un mal regalo de Navidad.

 

Feliz Navidad

Atte. Un buen perro

PD: Bueno, si algún humano responsable decide, después de haberlo meditado, tener un perro en Navidad (y para siempre) Puedes dejarle una nota que diga:

–Vale por ir a una protectora para adoptar un perro.

 

 

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